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grafico dibujo de cronista mestizo guaman poma de ayala. en el texto se lee: "Corregidor de minas. Como lo castiga cruelmente a los caciques principales estos corregidores y jueces con poca justicia, con fuertes castigos sin tener misericordia de Dios".

Los españoles conquistaron América o la liberaron? ...

O el canje de conquistadores por libertadores

Publicado: hace 1 hora



Nadie puede negar que las conquistas del Perú y de México las realizaron las huestes de Cortés y Pizarro con el apoyo de clanes enemigos de Aztecas e Incas, pero sostener que la conquista no existió supone una grosera y deformante revisión histórica. Historiador Daniel Parodi R.

Por Real Cédula fechada Valladolid, 15 de octubre de 1522, el Rey de España, su Majestad Carlos V de Austria (I de España) y su madre, la reina Juana I de Castilla, tristemente recordada como Juana “la loca” felicitaban a Hernán Cortés por poner “debajo de nuestro yugo e obediencia las tierras e provincias (…) llamadas la Nueva España”. Líneas más abajo, autorizaban a Cortés “agora e de aquí en adelante, cuanto nuestra merced e voluntad fuese, (…) tengáis o pretendáis tener por el descubrimiento e conquista de la dicha tierra, seáis nuestro gobernador e capitán general de toda la tierra e provincias de la dicha Nueva España”.

Conquistador de México hernán cortés

Los fragmentos de la Real Cédula de 15 de octubre de 1522 podrían pasar por una perogrullada: todos sabemos que Hernán Cortés fue el conquistador de México y que allí se fundó el Virreinato de la Nueva España que se mantuvo bajo poder peninsular casi tres siglos: hasta 1821. Clarísimo lo tenía Hernán Cortés que emprendió la conquista de México por voluntad propia, culminándola en 1521, y que obtuvo el reconocimiento de Su Majestad española al año siguiente, ante los hechos consumados.

Clarísimo lo tenía también la propia Corona y los hombres que conquistaron paulatinamente Panamá, adónde el propio Cristóbal Colón llegó en 1502. El descubridor dejó este mundo poco después en 1506 y no fue hasta 1513 que la expedición de Vasco Núñez de Balboa atravesó por completo el istmo y observó por primera vez el que entonces fue llamado “mar del sur”. Los conquistadores de Panamá, y después la Corona, comprendieron entonces que no estaban en las Filipinas, ni nada por el estilo: habían descubierto un nuevo continente.

En 1519 se fundó la ciudad de Panamá. España entonces ya poseía un territorio clave y estratégico para dirigir sus fuerzas al norte y sur para conquistar tierras, obtener recursos, oro y plata principalmente, y someter, al mismo tiempo que evangelizar, a las poblaciones nativas, la gran e ingente mano de obra que requerían para concretar la extensión del Imperio hispano en Ultramar y sostenerlo.

Cortés no demoró, se lanzó por su cuenta en 1521. Francisco Pizarro también fue un “conquistador privado”. Para lanzarse a la conquista del sur conformó la célebre empresa del Levante e inició exploraciones en 1524. Ya en 1529 la Corona de España formalizó su aventura de conquista y colonización a través de la Capitulación de Toledo. En 1532, durante su última campaña militar capturó al Inca Atahualpa en Cajamarca y obtuvo por él un inmenso rescate que le permitió financiar la campaña hacia el Cusco y, en general, el resto del proceso de conquista. Por cierto, una vez obtenido el rescate Pizarro no devolvió a Atahualpa, lo ejecutó.

ejecución de atahualpa. dibujo de cronista mestizo guaman poma de ayala. En realidad, Atahualpa fue ejecutado vía ahorcamiento (garrote)

Sucede que, súbitamente, han aparecido en redes un ejército de voceros españoles o hispanistas de la llamada leyenda rosa pero llevada hasta el delirio. Para ellos, la conquista no se habría producido ni el territorio Azteca, ni en territorio Inca, si acaso sí, una suerte de liberación graciosa y bienhechora.

El argumento es bien conocido, tanto Cortés como Pizarro fueron hábiles estrategas, comprendieron presto la situación de los territorios y poblaciones que intentaban conquistar y comprendieron que, lejos de tratarse de imperios homogéneos, lo que allí había o coexistían eran diversas etnias rivales dominadas por Aztecas e Incas. Entonces se aliaron con los grupos opositores y, juntos, lograron derrotarlos.

Nadie puede negar que las conquistas del Perú y de México las realizaron las huestes de Cortés y Pizarro con el apoyo de clanes enemigos de Aztecas e Incas, pero sostener que la conquista no existió supone una grosera y deformante revisión histórica. Nunca nadie se había atrevido a tanto.

virreinatos de perú y nueva españa, siglos xvi y xvii

Quienes la sostienen son, como todo aficionado positivista a la historia, muy versados en datos estadísticos o hechos específicos –y muy carentes de análisis histórico también- de suerte que su argumento favorito es que el número de conquistadores que acompañaron a Cortés y Pizarro era apenas de unos cientos y que, por consiguiente, era imposible que, con estos contingentes, se produjese ninguna conquista de civilizaciones enteras. Tenemos que reconocer algo: al menos ya no andan diciendo que 180 hombres conquistaron un imperio de 10 millones, como solían solazarse antes los españoles más orgullosos de su pasado imperial con relación a la conquista de los Incas.

En todo caso, esta falacia ad populum invertida no resiste el menor análisis. En primer lugar, las expediciones de Cortés y Pizarro fueron de conquista para la Corona Española, así lo señalan la Real Cédula de 1522 y la Capitulación de Toledo de 1529. Luego, el diseño de la estrategia de conquista es un asunto a todas luces de interés, pero ridículo como para llegar a sostener que esta no se produjo.

Me queda muy claro que, hasta cierto punto, y mucho más al principio del proceso de colonización, los aliados de los españoles, como Tlaxcaltecas o Huancas, recibieron un trato de excepción, básicamente aplicado a sus élites, tanto como que la colonización supuso el establecimiento casi general del tributo indígena en mano de obra -la mita- y en moneda. Estas exacciones, gravísimas, sometieron a la gran mayoría de la población indígenas a crueles trabajos forzados en las minas, así como a pesadas cargas tributarias que motivaron el forasteraje -indígenas huidos de sus comunidades- y el internamiento de miles de seres humanas en la Amazonía buscando de este modo escapar de dichas cargas forzadas y de una insufrible condición de servidumbre.

No es mi intención en este artículo presentar un catálogo de los abusos y el maltrato humano al que fueron sometidos los indígenas de México y Perú en tiempos coloniales. Sin embargo, habría que añadir algo por demás evidente: ambos territorios pasaron a la jurisdicción española. Me refiero a otra perogrullada: los virreinatos de México y Perú: ¡con virreyes y todo! Así que la negación de la conquista sólo puede ser la más terrible pesadilla o el más sublime sueño de un delirante, es que no da para más.

Nosotros no sostenemos las antítesis de la leyenda rosa, que reduce la presencia española a la comisión de atrocidades de las que deben disculparse, sin más, los hispanos de hoy, una reconciliación es, por definición, un tema complejo. Sin embargo, tanto disparate negacionista obliga a ordenar un poco las cosas y es a lo que deberíamos abocarnos los historiadores, inclusive y con mayor razón, los españoles.

Todo imperio que conquistó fue violento, desde los propios griegos o los persas, ni que decir de los romanos, y milenios después los ingleses que, junto con los franceses, se levantaron en peso toda el África. Luego, el Imperio Español se trazó como meta transferir su civilización a los territorios conquistados, y, aunque en ellos ya había civilización, no podemos negar el mestizaje que resulta de esta operación. Lo podemos encontrar en la lengua que hablamos, en el Dios en el que la mayoría creemos, en muchas de nuestras tradiciones, en las iglesias barrocas que adornan nuestras principales ciudades y un muy largo etc.

Pero es obligatorio defender la historia de la batalla cultural que la ha invadido por sus flancos derecho e izquierdo. No se puede decir que no hubo conquista, ni se le puede bajar a Thomas Jefferson de su caballo por haber poseído esclavos afrodescendientes cien años antes de la abolición de la esclavitud, o quitarle el nombre de David Hume a la principal facultad de la Universidad de Edimburgo por comentarios racistas proferidos en el siglo XVIII, es decir, cuando estaban normalizados. Ojo, Aristóteles justifica la esclavitud en algunos casos ¿prohibiremos también sus libros?

la  "batalla cultural" ha invadido la historia

Quién lo diría, tras supuestamente alcanzar la máxima libertad luego de la caída del muro de Berlín, volvimos súbitamente a los tiempos de la inquisición y el oscurantismo. En esto izquierda y derecha formaron una sola fuerza que ha hecho explotar la democracia y sus valores: el viejo orden mundial basado en derechos. Solo en el mundo de Donald Trump, los conquistadores podrían acogerse al estatus de Miguel Hidalgo, Augustín de Iturbide, José de San Martín y Simón Bolívar…

Historiador Daniel Parodi Revoredo

Correo electrónico: parodi.da@pucp.edu.pe


Escrito por

Daniel Parodi Revoredo

Doctor en Historia por la U. de Valladolid, Máster en Humanidades por la U. Carlos III de Madrid, analista nacional e internacional.


Publicado en

Palabras Esdrújulas

PALABRAS ESDRUJULAS por Daniel Parodi