espera nuevo capítulo

pedro castillo, condenado a 11 años de prisión

Pedro Nadie

“Nuestra izquierda contemporánea se devanea entre la eugenesia y la redención a través de la educación, entre Herbert Spencer y Francisco García Calderón. Así de penosa y reaccionaria es su defensa de Pedro Castillo sobre la base de que no sabía, no entendía, no era completamente consciente de sus actos, sí fue golpe pero no tanto"

Publicado: 2025-11-29

En Las democracias Latinas de América, publicado por primera vez en Francia en 1912, el conservador filósofo y ensayista peruano Francisco García Calderón sostuvo que <<el indio contemporáneo consumido por el alcohol y la miseria es libre según la ley pero siervo en la realidad a fuerza de enraizadas costumbres autoritarias. Pequeñas tiranías lo esclavizan, trabaja para el cacique, bastión del feudalismo americano. El cura, el prefecto y el juez, todopoderosos en estas naciones democracias lo explotan y lo esquilman: desnutrido, sucio y degenerado para olvidar la pesadilla de su existencia cotidiana>>.

A diferencia de la generación que lo antecedió, Francisco García Calderón no atribuía la postración del indio a las características propias de su raza, como tanto se argumentó en el siglo XIX bajo la influencia del darwinismo social al punto de que, en 1854, el empresario Juan N Casanova, cuando se disponía a traer al Perú a quinientos inmigrantes provenientes de las Islas Canarias, reconoció abiertamente que prefería <<[…] que la raza de los hombres que pisan estas costas, descendiese de la caucásica, como la más adecuada al progreso de una población civilizada; pues se ha dicho, y no sin razón, que nada es más análogo a la estabilidad de los países democráticos que la homogeneidad [sic] de raza en los ciudadanos que los componen>>.

Con diferentes giros y bemoles, las interpretaciones acerca de la situación y redención del indio, y, con ellas, una serie de imaginarios y narrativas absolutamente racistas se prolongaron hasta la década de 1960, más precisamente hasta que el 3 de octubre de 1968 un general mestizo, de origen tan humilde como severo era su carácter decidió acabar con todo ese mal rollo por decreto a través de una reforma educativa que debía modificar no solo los cimientos de la formación de los peruanos, sino a la sociedad en general. Por eso no sorprendió la aprobación de la Ley General de Educación de 1972 y que su sexto artículo sostuviese que: <<La educación peruana tiene como finalidad fundamental la formación integral de la persona humana en sus proyecciones inmanentes y trascendentes. Su acción se orientará hacia el surgimiento de un nuevo hombre plenamente participante en una sociedad libre, justa, solidaria y desarrollada por el trabajo creador y comunitario de todos sus miembros>>.

Ley General de Educación de 1972 dejó atrás, en el papel, la sociedad estamental, las castas, el viejo debate acerca del indio, superándolos desde la construcción de la nación a través de la educación, de allí el planteamiento de un nuevo hombre inmerso en una sociedad libre, justa y solidaria ¿se podía aspirar a una mayor modernidad?

A Velasco y sus reformas se los llevaron el tiempo y la inercia de un país que siempre prefirió el zigzagueo inútil a la planificación de su propio desarrollo. Vino el Perú informal para quedarse, y, con el colapso de la pseudoclase política en 2016, la única institución que permaneció de pie fue la de cuatro tunantes que se levantan en peso las arcas del Estado. Más no hay.

Pero recién condenaron a Pedro Castillo a 11 de prisión por perpetrar un golpe de Estado que todo el Perú presenció por televisión. Carlos León Moya lo ha dicho bien: si das un golpe lo asumes, como hizo Hugo Chávez cuando fracasó en 1992 “hemos fracasado esta vez, volveremos a intentarlo”. Nunca me gustó Chávez, valoro su coherencia. En cambio, las defensas cotidianas a nuestro expresidente chotano, que pululan en nuestro bistró político, resultan absolutamente lamentables y nos retrotraen, sin ningún pudor, a los tiempos de Juan Casanova y Francisco García Calderón.

Más lamentable aún es que esta regresión temporal la protagonice la izquierda y no la derecha. Para esta última Castillo es un ciudadano de pleno derecho, plausible por tanto de condena en lo penal. La izquierda no, la izquierda se ha colocado a la retaguardia del propio José Carlos Mariátegui, quien, el 7 de octubre de 1928, fundó el Partido Socialista para propiciar la unión obrera-campesina desde premisas básicamente economicistas, léase marxismo aplicado a la realidad peruana. El Amauta deploraba el paternalismo, lo consideraba parte de las estructuras feudales que había que abolir.

Pero nuestra izquierda contemporánea parece devanearse entre la eugenesia y la redención a través de la educación, entre Herbert Spencer y Francisco García Calderón, así de penosa es su defensa de Pedro Castillo sobre la base de que no sabía, no entendía, no era completamente consciente o que sus actos, viniendo de él, ameritan una ecuación distinta de la que tendría que aplicarse a otro político o ciudadano peruano debido al innegable racismo del que fue objeto desde que pasase a la segunda vuelta electoral en abril de 2021.

No voy a caer en la trampa de la disquisición jurídica: el 7 de diciembre de 2022, el ciudadano y Presidente de la República del Perú Nación Pedro Castillo Terrones se dirigió a la nación, anunció la interrupción del orden constitucional y sabía perfectamente lo que hacía. Al decir esto no lo vilipendio, lo dignifico, lo trato como a un ciudadano igual que otro ciudadano, es decir, como a un sujeto de derecho. Desde la premisa del reconocimiento absoluto de la igualdad, no solo ante la ley, sino del entendimiento de la ley, del contrato social y la de los deberes y derechos que le asisten a todos los ciudadanos y ciudadanas de la República sentaremos las bases para edificar una colectividad democrática y libre de racismo en el Perú.

p.d. No dudo de la politización de nuestra justicia, ya la he denunciado, tampoco dudo de la culpa de Pedro Castillo, la trasmitió él mismo, en vivo, en directo y a nivel nacional.


Escrito por

Daniel Parodi Revoredo

Doctor en Historia por la U. de Valladolid, Máster en Humanidades por la U. Carlos III de Madrid, analista nacional e internacional.


Publicado en

Palabras Esdrújulas

PALABRAS ESDRUJULAS por Daniel Parodi