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fuente: educación al futuro.com

Enseñando en la nube

Nosotros no validamos la afirmación que sostiene que los maestros, durante la pandemia, no han educado, sino que simplemente han realizado un teletrabajo

Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma. Si hasta hace dos años jóvenes peruanos de todas partes del país no podían acceder a una educación de calidad porque esta se encontraba concentrada en Lima, donde no solo la universidad, sino también el costo de vida es muy elevado; ahora la universidad puede ir hasta sus casas en sus distritos rurales o en cualquier confín del Perú

Daniel Parodi Revoredo 

Publicado: 2021-12-10


La docencia, la auténtica docencia, es una condición humana. La vocación por formar jóvenes, por preparar generaciones, es una disposición que acompaña, o de la que adolece el profesor, durante toda su trayectoria. Es verdad que la calidad del docente varía mucho de acuerdo con sus propias circunstancias, su nivel de formación, su capacidad intelectual, su adaptación a las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, etc.

Hay profesores que son admirados por los estudiantes debido al dominio de su materia, y por el conocimiento que les inculcó, y también hay docentes capaces de detectar si un estudiante atraviesa por un cuadro depresivo, una disyuntiva en su vida, o si sufre maltrato en el hogar para así canalizar la ayuda que le es necesaria al joven en formación. Por todo ello, nosotros no validamos la afirmación que propone que los maestros, durante la pandemia, no han educado, sino que simplemente han realizado un teletrabajo.

Dicha afirmación, perse, evidencia la crisis de la educación en valores, o su reemplazo, paulatino, por otra pragmática, cuyo perfil del egresado universitario es una suerte de “hombre-máquina”, capaz de realizar todas las actividades que el sistema económico exige para maximizar su rendimiento. En este esquema, el mundo que se avizora es uno despersonalizado en el que, como señala el filósofo Juan Fernando Feinmann, el consumo ha reemplazado al hombre/mujer en el centro de todas las cosas, y, por lo visto, lo hizo hace rato.

No voy a caer en maniqueísmos, la afirmación que en estas líneas refuto se enmarca en un comentario a los resultados de un estudio acerca de las limitaciones presentadas por la educación remota, luego de dos años de experiencia continua en el Perú (y también en el mundo). En aquella pesquisa, entre otras falencias, se constata una obviedad: los profesores, al enterarnos de que nos convertiríamos en docentes no presenciales, no teníamos ni idea sobre el tema. De hecho, aterrorizados y al vuelo, tuvimos que adaptarnos a las diferentes plataformas virtuales, zoom la más amable, y continuar nuestra labor docente frente a una pantalla, semanas después de enterarnos del cambio fundamental que se iba a producir en nuestra labor educativa y también en nuestras vidas. Pero ello no descalifica nuestro esfuerzo, sino todo lo contrario, lo dignifica. Al respecto, sobran ejemplos de colaboración intergeneracional de padres-docentes, que fueron capacitados por sus hijos, nativos informáticos, para poder adaptarse presto a los requerimientos de la enseñanza virtual.

Luego, o se sobrevalora la enseñanza presencial, o se subestima la educación remota. Yo no puedo negar las dificultades logísticas en la implementación de la enseñanza virtual, mucho más en el nivel de la educación básica, en el sector público, y que todos hemos conocido. Pero esto no equivale a decir, sin más, que el docente se ha convertido en un mero teletrabajador.

En mi experiencia con la educación remota, estoy seguro de haber sabido llegar a los estudiantes, tanto en el plano humano-formativo, como en el académico, en niveles que no puedo establecer si son superiores o inferiores a los que obtenía en la enseñanza presencial. Lo que sí puedo decir es que la interfaz del internet muchas veces anima a los estudiantes a una mayor participación en clase. Al mismo tiempo, una serie de herramientas virtuales, como la que divide a los estudiantes de una sección en grupos que el profesor puede visitar aleatoriamente, constituye un universo de posibilidades apenas explorado como para lanzar conclusiones tan mezquinas respecto de los maestros y de aquello en lo que, nos guste o no, se convertirá, más temprano que tarde, en la educación del futuro.

Otro tema fundamental que he podido constatar en dos años de dedicación a la educación remota es que un porcentaje, no mayoritario pero sí importante, de mis estudiantes son provincianos. Antes eran jóvenes de situación más o menos acomodada que se habían mudado a vivir a la capital para poder acceder a una universidad/educación de calidad, debido a las enormes brechas existentes entre los servicios educativos de Lima vs provincias y privadas vs públicas, con excepciones notables en todos los casos. Hoy, en cambio, cuento entre mis alumnos con jóvenes que acceden a la universidad desde sus localidades y que en muchos casos son distritos rurales: ellos, eventualmente, pueden pagar la pensión de estudios porque se ahorran el gasto que supone mudarse a la capital del país, o de la región, o de otra región del país, pero no podrían hacerlo de tener que asumir el costo de un traslado permanente a Lima u otra ciudad grande para continuar sus estudios. Entonces la inversión familiar en una educación de calidad finalmente se les hace viable y se les abre un universo de posibilidades de desarrollo personal que antes les resultaba inalcanzable: la educación de calidad está llegando al campo, a las ecuaciones realizadas les ha faltado esa proposición.

Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma. Si hasta hace dos años jóvenes peruanos de todas partes del país no podían acceder a una educación de calidad porque esta se encontraba concentrada en Lima, donde no solo la universidad, sino también el costo de vida es muy elevado; ahora la universidad puede ir hasta sus casas en sus distritos rurales o en cualquier confín del Perú. Esta es, pues, otra manera de descentralizar la educación de calidad, y es el mayor valor agregado que nos dejan dos años de educación remota, pensar que hay quien no se ha dado cuenta.

Varios sistemas, presencial, semipresencial, remoto, es el camino de la educación del futuro cercano y que está a la vuelta de la esquina. Lo que no podemos hacer es estigmatizar la encomiable labor de los docentes en dos años francamente revolucionarios en el plano educativo -nótese que de pronto contamos con 100% de profesores con 24 meses de capacitación práctica en enseñanza virtual, y el fenómeno es global- ni encasillar en conclusiones simplistas el universo de posibilidades que, súbitamente, se han abierto ante nuestros ojos. Las desigualdades sociales y de infraestructura, principalmente en el sector público y la educación básica, siguen siendo el mayor desafío para el Estado y la sociedad, pero la experiencia de dos años enseñando en la nube está para coadyuvar al cierre de viejas brechas y no para proceder como si este potente aprendizaje no se hubiese producido. 

Daniel Parodi Revoredo

Docente en PUCP, U.Lima y UARM 


Escrito por

Daniel Parodi Revoredo

Máster en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid, Historiador Docente en U. de Lima y PUCP. Opiniones personales


Publicado en

Palabras Esdrújulas

PALABRAS ESDRUJULAS por Daniel Parodi