Voto a voto

aquí no estamos eligiendo un orador extraordinario, ni a la perversión del mito del Incarri, aquí estamos eligiendo el futuro, nuestro futuro y al más capaz para llevarnos hasta él: fuente:infobae

Defiendan La Torre

Era en Numancia al tiempo que declina, La tarde de agosto, augusto y lento, Numancia del silencio y de la ruina, Alma de libertad, trono del viento (Gerardo Diego)

Publicado: 2021-03-11


Gonzalo Echevarría era nuestro profesor de lengua y literatura en la secundaria del colegio Franco Peruano. Entrañable, nunca perdí contacto con él, lo vi la última vez hace 3 años, cuando me regaló varios libros de su biblioteca, él había perdido la vista, tenía 84 años, pero se movía perfectamente por las habitaciones de su casa, murió el año pasado cerca de cumplir los 87. Debió ser buen profesor, al punto que, casi 40 años después, recuerdo sus relatos sobre la resistencia numantina al cónsul romano Escipión, que se prolongó 11 meses, y que cerró con el poema que introduce esta nota, y que aún me sé de memoria. Contaba el “flaco” Echevarría, como le decían, que la leyenda había mistificado el asedio al punto de narrar, en el más excelso romanticismo, que al romper finalmente el cerco los romanos y penetrar en Numancia, vieron sobre la torre más alta de la amurallada ciudad, al último de sus sobrevivientes lanzarse al abismo: prefirieron todos morir, antes que darse por vencidos.

Hace meses que vengo señalando que la política peruana ha devenido en una guerra entre dos bandos. Las hostilidades se desataron desde que Pedro Pablo Kuczynski derrotó a Keiko Fujimori por 30.000 votos en 2016. La derrota de Fuerza Popular, aquella vez, les impidió copar por completo el Estado y el desarrollo de pingües negocios, los más ilícitos, lo cual no quiere decir, por cierto, que estos de todos modos no se realicen; al contrario, se producen todos los días, en nuestras propias narices, lo que decrece, tal vez, es la rentabilidad, el descaro. Me late que el Ejecutivo defiende a duras penas sus fueros sin el fujimorismo y adláteres en el poder, pero poco más. Los cuatro gobiernos de la progresía tampoco han sido ejemplificadores, me respondió una vez un forista en redes, se refería a Toledo, Humala, PPK y Vizcarra, y no le faltaba razón, aquí nadie está en posición de tirar piedras. ¿Somos tan diferentes a los que están al frente?

Quizá porque me formé en tiempos de utopías y militantemente he creído en ellas es que todavía las busco, y entonces encuentro las diferencias, las grandes diferencias entre quienes simple y llanamente quieren de una vez dedicarse impunemente al escandaloso asalto de las arcas del Estado, donde se confabulan por igual poderes económicos y políticos, y aquellos que, desde una visión de país, y a través de sus equipos técnicos, pretenden construir lo que aquí nunca ha existido: una república.

Ya he señalado en una nota anterior, que, a mi parecer, solo Juntos por el Perú y el Partido Morado reúnen ese utopismo, o, para hacerlo más comprensible, se salen del perverso pragmatismo de alcanzar la caja municipal para después vaciarla y repartir los beneficios entre los paniaguados.

Quiero dedicarle unas palabras ahora a Julio Guzmán, la bestia negra de esta campaña. Una mala decisión personal, sin duda, insuflada hasta lo máximo por los medios, le ha sido repetida como el suplicio de Tántalo en cada entrevista, pero él respondiendo, y respondiendo, sereno. Distinta es la suerte de Keiko Fujimori, por ejemplo, ella nunca ha tenido que responder por Joaquín Ramírez o los millones que le regaló Dionisio Romero, ella solo habla de "volver a empezar" (¿volver a empezar qué?).

Julio es antipático, parece claro, no es el Alan García que hizo vibrar a todo un país y lo llevó al despeñadero, ni el cholo sagrado que se alzó de la tierra a reivindicar a su raza, como solía presentarse Alejandro Toledo y se levantó 32 millones de dólares, pero aquí no estamos eligiendo un orador extraordinario, ni a la perversión del mito del Incarri, aquí estamos eligiendo el futuro, nuestro futuro y al más capaz para llevarnos hasta él.

Nuestra Numancia no es como la española, no es como aquella cuyos ciudadanos decidieron morir valientemente antes que rendirse al invasor. En nuestra Numancia están tan podridos quienes quieren tomarla como quienes la habitan. En la torre, donde un hombre está a punto de lanzarse al vacío, sólo habita la esperanza, la esperanza de construir lo que nunca hemos sido, la esperanza de construir una república de ciudadanos iguales entre sí, iguales ante la ley e iguales en sus oportunidades de desarrollarse. ¿Qué es lo que vamos a decidir entonces?

Daniel Parodi Revoredo


Escrito por

Daniel Parodi Revoredo

Máster en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid, Historiador Docente en U. de Lima y PUCP. Opiniones personales


Publicado en

Palabras Esdrújulas

PALABRAS ESDRUJULAS por Daniel Parodi