¡lluvia de millones!

Julio Guzmán y Verónica Mendoza ¿Planificación vs improvisación?

LA CIGARRA Y LA HORMIGA

En torno al Partido Morado y el Nuevo Perú

Publicado: 2019-10-22

Todos conocemos la fábula de la cigarra y la hormiga. Durante el verano, la cigarra se la pasó cantando y disfrutando del buen clima, mientras que la hormiga se la pasó trabajando y almacenando alimentos para el invierno. Cuando este último se presentó, la cigarra no tenía qué comer pues invirtió mal su tiempo en el verano, mientras que la hormiga estaba perfectamente preparada para sobrellevar las inclemencias del clima. 

Esta celebre fábula me recuerda mucho los casos de Nuevo Perú (que en 2016 postuló en alianza con el Frente Amplio y bajo su rótulo) y el Partido Morado. Nuevo Perú (Frente Amplio) obtuvo casi 20% en las pasadas elecciones generales, logró la primera votación en varias plazas regionales y se acercó mucho a los tres millones de votos. Solo en el Cusco, tierra natal de Verónica Mendoza, junto con algunas otras capitales provincianas, el Nuevo Perú pudo recabar las 700.000 mil firmas a nivel nacional que se requieren para inscribir un partido.

Pero al Nuevo Perú le sonó a mucho esfuerzo eso de organizarse para recabar firmas; de hecho, no lo hizo, así como tampoco se preocupó por consolidar bases a nivel nacional, esto es, por formar un partido político que funcione como tal. Y es entonces que llegó “el invierno” pues súbitamente se ha convocado a elecciones parlamentarias. Como Nuevo Perú no tiene inscripción para participar en ellas, entonces decide utilizar la inscripción de Perú Libre, liderada nada menos que por el muy poco presentable Vladimir Cerrón, a la sazón corrupto con condena, homófobo y misógino confeso, y exgobernador de la región Junín. Este dislate ya le ha ocasionado al Nuevo Perú la baja de uno de sus mejores cuadros, el excongresista Richard Arce, quien ha renunciado fiel a sus principios y a su sostenida lucha contra la corrupción, emprendida desde su curul parlamentaria.

El caso inverso es el Partido Morado, que fundara Julio Guzmán. Su candidatura fue descalificada de las anteriores elecciones generales presuntamente por incumplir con los reglamentos y formalidades de su inscripción ante el JNE. Entonces Guzmán y sus morados tomaron la determinación no sólo de inscribir, sino de constituir un partido político de alcance nacional.

La sola decisión es sui generis en estos tiempos de franquicias y caudillismo. Las últimas décadas hemos conocido numerosos ejemplos de partidos convertidos en auténticos vientres de alquiler, cuyos titulares ante el JNE negociaban cuotas  con políticos provistos de una circunstancial popularidad. De allí tantas alianzas a base de particularísimos intereses y la repartija de espacios y números en las listas parlamentarias.

Pero en marzo pasado, contra todo pronóstico, el Partido Morado logró su inscripción oficial como partido político ante el JNE, recabando para ello más de 700.000 firmas válidas a nivel nacional. De allí se desprende que su situación sea diametralmente diferente a la del Nuevo Perú. A fines de octubre, el Partido Morado realizará en Trujillo su Convención Nacional y elegirá, con toda tranquilidad, a sus mejores cuadros como candidatos al Congreso en las 24 regiones del Perú.

Hay en el Partido Morado, algo más que electorerismo. Se trata de un partido con bases provinciales y distritales desplegadas a nivel nacional, las mismas que funcionan y son muy dinámicas realizando diversas actividades, las más orientadas a la formación de cuadros en su ideología de centro republicano, tanto como a su capacitación en el ejercicio de la función público. En simultáneo, sus militantes no han dejado de reclutar para sus filas profesionales altamente competitivos que de seguro animarán la próxima campaña electoral.

El desempeño del Partido Morado nos obliga a comenzar a ver la política peruana del siglo XXI con otros ojos. Hasta ahora hemos pensado en caras. En personas, en marcar símbolos que no son otra cosa más que las iniciales de un  caudillo. Pensemos en la K de Keiko y PPK de Pedro Pablo Kuczynski. Quizá haya llegado el momento de dejar de buscar incas, reyes o redentores para fijarnos más en el equipo y la organización que hay detrás de un candidato presidencial. Hasta ahora, la discusión entorno al Partido Morado gira alrededor de la figura de Julio Guzmán, cuando, en su caso, evaluarlo al margen de la organización que lo respalda es quitarle a la ecuación una variable fundamental.

Concluyo, no haberse tomado la molestia de recabar las firmas para inscribir su partido dice mucho, o más bien muy poco, de la exigencia, rigor y profesionalismo de un movimiento político que quiere gobernar el país. Al contrario, una institución muy bien organizada, de dimensión nacional, que forma a sus cuadros en gestión pública y que pugna por incorporar a los mejores en sus filas nos garantiza seriedad en el manejo del Estado y disminuye sustantivamente el factor albur al que estamos acostumbrados, tanto como el hábito de que el candidato que elegimos, una vez en el poder, haga exactamente lo contrario a lo que ofreció en la campaña.


Escrito por

Daniel Parodi Revoredo

Máster en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid, Historiador e Internacionalista. Docente en Universidad de Lima y PUCP


Publicado en

Palabras Esdrújulas

PALABRAS ESDRUJULAS por Daniel Parodi