los #hermanitos se reacomodan

amistad éruano-chilena es posible pero hay que trabajar en ella

Una agenda de gestos

Del Centenario de la Primera Guerra Mundial al Gabinete Binacional Perú-Chile

El pasado sin gestionar tiene por costumbre invadir el presente hasta confundirse con él

Daniel Parodi Revoredo

Publicado: 2018-11-20

Pensaba comenzar estas líneas refiriendo la cima del monte de Hartmannsweilerkopf, que los franceses rebautizaron como "Vieil Armand", y que también se recuerda como el cerro de la muerte. En ese lugar decenas de miles de jóvenes franceses y alemanes perdieron la vida de manera absurda durante la Gran Guerra, pero el año pasado los presidentes de ambos países inauguraron, allí mismo, el primer museo binacional de la Primera Guerra Mundial. Hoy lo visitan juntos, unos y otros, reflexionan sí, de seguro suspiran, pero no se odian ni recelan. Ese evento pertenece a un pasado que no amenaza al presente, que está definitivamente acabado.  

Pero súbitamente empezaron los festejos por el centenario del fin de aquella guerra, el pasado 11 de noviembre. Para la ocasión, la canciller alemana Angela Merkel y el presidente de Francia Emmanuel Macron se dirigieron a Compiègne, al norte de París, y, en una réplica del vagón-restaurant en el que un siglo antes los ex-contendientes firmaron el Libro de Oro del Armisticio, ambos mandatarios estamparon su rúbrica en la que será su última página, aquella que reconoce que la reconciliación entre ambos pueblos es un hecho. En todo momento Merkel y Macron estuvieron tomados de la mano, incluso aquella apoyó su cabeza sobre el hombro de este.

merkel y macron simbolizan la paz europea, representan un buen ejemplo para peruanos y chilenos. Fuente www.20ministos.es 

Las emocionantes escenas que muestras cómo dos pueblos han procesado una guerra fratricida, al punto de convertirla en pieza clave de su actual integración, no son fruto del azar. Franceses y alemanes entendieron desde 1951 -comunidad del acero y el carbón- que solo unidos recuperarían protagonismo en el mundo de la Guerra Fría; en 1963, firmaron el Tratado del Eliseo pues ponderaron que cerrar las heridas del pasado -que no es lo mismo que olvidar- era fundamental para consolidar la unión. En 1984, François Mitterrand y Helmut Kohl se dieron la mano en Verdún, en conmemoración de la infausta batalla que se llevó a un millón de sus hijos; en 1993 fundaron la Unión Europea y hoy los une la Primera Guerra Mundial: la reconciliación franco-alemana no es el resultado de la improvisación, sino de la constancia y el trabajo, de desearla fervorosamente.

¿El Huáscar como emblema?

Cuando Merkel y Macron llegaron al “vagón del armisticio” el pasado 10 de noviembre, fueron recibidos por la brigada franco-alemana, creada en 1989 para acercar también a sus fuerzas armadas y pensé que a una guardia de honor de marinos del Perú y Chile se les podría encargar la custodia del monitor Huáscar en Talcahuano, al que podría adornársele con la bandera peruana, al lado de la chilena. De pronto el controversial trofeo de guerra convertido en museo binacional, en lugar de la memoria de dos países que aspiran a un futuro de armonía e integración. Recordemos que el Huáscar es patrimonio histórico, y es la tumba de los héroes de sus marinas Miguel Grau y Arturo Prat.

Recién pregunté en mis redes sociales cuándo peruanos y chilenos conmemoraremos juntos la Guerra del Pacífico como alemanes y francés lo hacen con la Primera Guerra Mundial. Las respuestas que encontré de unos y otros fueron reveladoras: varios dijeron nunca o jamás, junto a varios signos de exclamación, otros no escatimaron en recíprocas acusaciones al vecino que remiten a los mismos imaginarios sobre una historia que no hemos sabido o no hemos querido aún depositar en el pasado para que deje de invadir, una y otra vez, al presente. Por eso hay que reconciliarse

¿Y qué es reconciliación?

Reconciliación es hablar de la guerra y emprender, respecto de ella, una política de gestos simbólicos, sí, pero no se limita a ello. Reconciliación es también reconocer eventos del pasado en los que colaboramos y los tenemos, me remito a Las historias que nos unen que compilé con mi colega chileno Sergio González en 2014. Reconciliación puede ser esa guardia de honor peruano-chilena del Huáscar, es trabajar en la escuela enseñando, junto a lo malo, lo bueno, enseñando la geografía del otro, los lagos al sur de Chile, la Amazonía peruana, conectando a los estudiantes vía Skype, reconciliación es programas de intercambio juvenil, es conocerse para dejar de desconfiar.

las historias que nos unen existen hay que difundirlas

En suma, la reconciliación parte por reconocer que nuestro pasado común hasta hoy constituye un problema porque lo hemos dejado librado al azar, porque pensamos que lo malo se olvida solo, que “ya se les pasará con el tiempo”. Hoy la relación bilateral atraviesa por su mejor momento en un vínculo que también es #Bicentenario. Se viene el 26 y 27 de noviembre el gabinete binacional, se verán, entre otros, los ministros de cultura y educación de nuestros países. No digo que resuelvan el problema, sino que se decidan a abordarlo, que creen una comisión exploratoria que se ocupe de él, que tracen las primeras pautas.

El pasado sin gestionar tiene por costumbre invadir el presente hasta confundirse con él. Pero, con todo, el pasado es menos temible que el presente, por eso hay que afrontarlo sin tanta aprehensión, y con la misma convicción con la que Merkel y Macron lo evocan apuntando hacia el futuro de Europa.

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Escrito por

Daniel Parodi Revoredo

Máster en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid, Historiador e Internacionalista. Docente en PUCP, Universidad de Lima y UPC


Publicado en

Palabras Esdrújulas

PALABRAS ESDRUJULAS por Daniel Parodi