el momento del ego

Keiko Fujimori. Fuente  ElPopular.pe

El Aleph de la historia

Si hoy he encontrado un Aleph de la historia es porque hoy, al escuchar la decisión de Richard Concepción contra Keiko Fujimori; he podido finalmente avistar muy a lo lejos a la república peruana, con toda su parafernalia de rituales cívicos

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Daniel Parodi Revoredo

Publicado: 2018-10-31

A Karl Popper lo movilizaba oponerse a dos cosmovisiones del mundo, una relativa a la política, la otra a la historia. Políticamente le obsesionaban los totalitarismos socialista y fascista con sus secuelas de represión y lesa humanidad. Al mismo tiempo refutaba los determinismos como a la moderna idea del progreso y al horizonte marxista que encontraba en el comunismo el final de la historia, con el mismo desparpajo con el que Francis Fukuyama se lo adjudicó a los neoliberalismos económico y político tan pronto como se abrió la puerta de Brandenburgo  

De algún modo el posmodernismo continuó a Popper, si la historia es impredictible, el presente rechaza los paradigmas y los microprocesadores esparcen fragmentos de la realidad aquí y allí. Andreas Huyssen piensa que entonces queda el pasado para aferrarnos a él, pero no lo creo, también se mueve y mucho. Los historiadores hemos reducido a causas y consecuencias el pretérito, lo hemos ordenado y así lo hemos secuenciado, con absoluta arbitrariedad.

La pregunta quedará flotando ¿existen coyunturas históricas que representan auténticos puntos de quiebre? ¿las elabora el proceso histórico, en el caso de existir procesos históricos? O son siempre los historiadores, siempre ellos, siempre el hombre, la mujer, el sujeto, el que le adjudica valor a las cosas.

En la historia reciente del Perú, muchos acontecimientos podrían comprenderse como un Aleph de la historia; es decir, un punto en el universo en el que confluyen todos los puntos  y desde el cual podemos, por lo mismo, ver todo el universo, viajar por él, unir, separar sus partes, crear diversas formas geométricas. Lo que pretendo es solo una analogía, un Aleph histórico es un momento en el tiempo que trae a colación todos los momentos históricos, que se advienen a la vez o por separado, sincrónica o diacrónicamente. Estos Aleph, de los que nos habló Borges, podrían no existir, pero existen porque tenemos la capacidad de crearlos, tanto como a la historia narrada, la que está escrita en los libros, ¿qué cosa es si no un invento del hombre?

La renuncia de PPK a la presidencia de la nación pudo ser ese momento, y no este, tan mundano al mismo tiempo que espectacular. Mundano porque se trata de una mujer condenada a permanecer en prisión mientras dure su juicio, y espectacular porque hasta hace muy poco esa mujer era la política más poderosa del país.

Pero no es una celda el lugar ni el tiempo en el que confluiremos con otros eventos del pasado, sino el encuentro directo,  cara a cara, con aquella contradicción fundamental, lucha facciosa o dos mitades que han impedido hasta hoy que nos constituyamos en una auténtica comunidad política. La misma contradicción que ha llevado a Eduardo Dargent a señalar que la historia de la república no trata de la lucha entre dictaduras y democracias, sino que nuestro sistema político es la lucha entre dictaduras y democracias. Y es por eso que una comunidad política eternamente mutante, o inmersa en una interminable hibridación, que se modifica a sí misma con el pasar de los días, no puede madurar, definirse, estarse más o menos quieta algún tiempo; eso que le llaman estabilidad y que se niega a permanecer siquiera por tres o cuatro décadas porque en doscientos años no las hemos visto nunca, juntas no.

Se trata de dos esencias que desde siempre se han repelido, a las que el inefable Perú, sin embargo, les enseñó a coexistir, como un Yin y Yan, pero absolutamente informales y vaciados de contenido filosófico. Desde el origen, una república civil gobernada por militares; un espacio público en el que la virtud ciudadana se bate eternamente en retirada frente a la corrupción, y un cargo público que el servicio a la comunidad abdicó infinidad de veces en favor del patrimonialismo.

Si hoy he encontrado un Aleph de la historia es porque hoy, al escuchar la decisión de Richard Concepción contra Keiko Fujimori; he podido finalmente avistar muy a lo lejos a la república peruana con toda su parafernalia de rituales cívicos, cuando hace pocos meses o quizá semanas, solo experimentaba el vahído de dos siglos de derrotas. Hoy he visto esperanza, apenas eso, y, a través de ella a la historia despeñarse desde esta tarde hasta un pasado infinito, como el vértigo final que precede la muerte.

Hoy he visto esperanza bajo la forma de república.

Twitter: @parodirevoredo


Escrito por

Daniel Parodi Revoredo

Máster en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid, Historiador e Internacionalista. Docente en PUCP, Universidad de Lima y UPC


Publicado en

Palabras Esdrújulas

PALABRAS ESDRUJULAS por Daniel Parodi