los #hermanitos se reacomodan

rechazo a la corrupción es a nivel nacional

No es cosa de "caviares"

Toda la nación peruana está harta de la corrupción

Publicado: 2018-10-19

El banderazo de numerosos peruanos en Madrid, quienes claman por la expulsión de España hacia el Perú, del corrupto exmagistrado César Hinostroza Pariachi no es cosa de “caviares”, ni de ninguna elite intelectual, ni es un tema de izquierdas y derechas. Tampoco lo son las banderas peruanas en los estadios de USA con consignas anti-corrupción, tampoco es caviar el “pituco” Muñoz, que le ganó al “populachero” Urresti, ni lo es, mucho menos, el presidente Vizcarra, provinciano exgobernador regional que, al momento de asumir la presidencia del Perú, casi no contaba con redes sociales y políticas en la gran capital. 

Hace no mucho, hubo en efecto un sector denominado “caviar” bastante antipático, hay que decirlo, demasiado seguro de su superioridad moral sobre el resto del país y denostador de lo que no se le pareciese, o no encajase en su particular cosmovisión del mundo. De hecho, la gestión de Villarán en la alcaldía de Lima demostró que en el Perú las malas prácticas políticas a todos nos hace iguales, parafraseando a Nicomedes cuando filosofaba acerca de la muerte. Sin embargo, lo dicho no quita que aquella poco inclusiva esfera intelectual contiene no pocos destacados académicos y profesionales que se desempeñan en diferentes áreas del conocimiento y que se caracterizan por generar corrientes de opinión que suelen estar orientadas hacia la consolidación de las instituciones democráticas en el Perú.

Nada de eso ha cambiado, me parece. El que ha cambiado vertiginosamente es el pueblo, absorto testigo de la corrupción de políticos a través de los sobornos de Odebrecht, luego de visionar los audios que comprometen a jueces y fiscales tanto con lumpenescas bandas de narcotraficantes, como con políticos del entorno fujimorista, llámese Héctor Becerril o la mismísima Keiko Fujimori. Esperamos sentencia antes de señalar, pero por ahí van los tiros.

El historiador Ferdinand Braudel hablaba de la larga duración de las estructuras mentales, las que, según él, son las que más demoran en cambiar, pues se puede cambiar de casa, de presidente y hasta de régimen político: con las creencias la cosa es más difícil. ¿Estamos ante una revolución peruana en el nivel de la mentalidad? Difícil afirmarlo, aunque algunas señales apuntan en esa dirección. Tómese en cuenta que el Perú fue clientelista desde la fundación de la República en 1821/24 y lo dejo allí por no retrotraerme a los tiempos virreinales. Y así se siguió relacionando al pueblo con el Estado clientelistamente hasta que, desde la década de 1930, aparecieron los partidos políticos y con ellos, recién, algo de modernidad política, algo de eso que se llama ciudadanía, eso que entiende la función pública como servicio a la comunidad, algo, y, lo repito, algo. Primero fue el APRA, después vinieron AP, la DC, el PPC y en los años setenta se les sumaron los partidos de izquierda, algo de política, de ideología, de cambio en la relación ciudadano-estado.

Pero en los noventas, la precaria modernidad política alcanzada estalló en mil pedazos, el fujimorismo se encargó de destruir los partidos, también el equilibrio entre los poderes, y reemplazó al ciudadano por el viejo súbdito que espera del Rey, del caudillo militar, o sencillamente del “chino”, que vengan a arreglarle la vida. Y es este esquema clientelar el que se impone en la política peruana desde 1992 hasta hoy. La democracia volvió, pero los partidos no; la relación es, ¿o era? de hombre a hombre -como en el homenaje medieval- yo te doy, tú me das, oe candidato ¿y mi polo? ¿y mi táper?, mira que, si no, no voto por ti ¿ah?

Y de repente resultó que más del 60% de los peruanos apoya a un presidente de perfil institucionalista como Vizcarra, a un alcalde colorao que ofrece gerencia, experiencia en el cargo; y, en el caso de ambos, a funcionarios que trasmiten la sensación de honestidad, de que están comprometidos en la lucha anticorrupción. Los limeños, en específico, no le creyeron al de la fiesta, ni al achorao, ni al que tiene problemas con la justicia, ese que puede ser Urresti como muchos más, ya no convence: "Yo no quiero que vengas tú mismo a construirme el muro de contención, yo quiero que firmes un contrato transparente con una empresa que lo haga limpiamente y con todo el profesionalismo posible; sobre todo, sin robarse ni un céntimo de los impuestos de los peruanos".

¿Por qué se produce este cambio, que no es una realidad, aunque sí una tendencia que se está abriendo paso? Creo que hay dos razones: la primera, la constatación de la inmensa, aunque no exclusiva, corrupción del sector clientelar de nuestra política; la segunda, el absoluto abuso del poder en el Congreso por parte de Keiko Fujimori, lideresa de Fuerza Popular -la fuerza madre del clientelismo peruano del nuevo milenio- apoyada, duele decirlo, por el sector alanista del APRA.

Sombras nada más le escuché cantar a Héctor Lavoe, ¿el Perú ha cambiado? no, ¿hay un sector del Perú que hoy exige una política más profesional, institucional limpia y gerencial, y que quiere el cambio? sí. Pena pues, al menos un poquito de pena, por la mayoría congresal. No sé si todavía se creen que el anhelo de probidad en la política peruana es cuestión de cinco intelectuales sentados en un cafetín miraflorino. Es el pueblo, y la indignación crece día a día con cada nuevo desacierto. Ya se sabe que al corrupto Hinostroza lo dejaron salir por Tumbes con la complicidad de funcionarias probablemente vinculadas con Fuerza Popular; ya se sabe que los congresistas no están indignados cuando fingen estarlo para intentar - sujetos a una jugarreta anticonstitucional (lo decidirá el TC) de Mulder- censurar un segundo gabinete. Qué más puedo decir, ya se sabe todo, queda la rendición, el final de la batalla, y comenzar a reconstruir la patria quienes quedemos en pie, la gente quiere vivir en paz ¿tan difícil es entenderlo?


Escrito por

Daniel Parodi Revoredo

Máster en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid, Historiador e Internacionalista. Docente en PUCP, Universidad de Lima y UPC


Publicado en

Palabras Esdrújulas

PALABRAS ESDRUJULAS por Daniel Parodi