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sus 4 reformas deben pasar por referéndum: fuente: diario correo

Más de un Referéndum

Varias consultas populares nos permitirán continuar con un proceso de reformas estructurales cuya finalidad es construir una república de ciudadanos digna de llamarse tal y no maniatada por personajes tan funestos como el fiscal Pedro Chávarry

Publicado: 2018-10-03

En una pasada columna exploré el concepto de democracia disputable de Sergio Ortiz-Leroux, politólogo mexicano. El autor parte de la teoría neo-republicana que busca reinstaurar el republicanismo en los países latinoamericanos, tras el fracaso del modelo de estado neoliberal, implantado en la década de 1990. La democracia disputable es aquella en la que el Estado, representado por el gobierno, sede parte de la soberanía a la sociedad civil.  

De esta manera, se mantiene el esquema de democracia representativa, pero se le otorga a la sociedad civil, representada en sus diversos colectivos, un rol que antes, o no tenía o se manifestaba en un plano informal: el de fiscalizar al gobierno, lo que incluye a los tres poderes del Estado, para asegurar la vigencia de un contrato social republicano que efectivamente apunte hacia el bien común, reduciendo así las brechas sociales y promoviendo una extensa igualdad de oportunidades.

En este esquema, la sociedad civil actúa cuando el conjunto de las instituciones de gobierno, o alguna de ellas, se han alejado de los fines constituyentes de la república y se han doblegado a intereses privados, ya sea que estos proviniesen de los sectores más privilegiados e influyentes de la sociedad, o del crimen organizado u otras actividades ilícitas.

Este ha sido el caso del Perú, y por eso estamos atravesando una grave coyuntura política: la penetración del sistema de justicia por la corrupción, como sus eventuales vínculos con algún sector del Congreso o algunos parlamentarios han sido conocidos por la sociedad civil a través de la revelación de audios que prueban la comisión de una serie de delitos que los comprometen directamente. Ante esta situación, y flanqueado por una renuente mayoría parlamentaria, el Presidente convoca al pueblo, a través de la sociedad civil, y este le da su respaldo: entonces vamos a referéndum.

Pero el título de esta nota es Más de Un Referéndum. Dejo claro que no les estoy haciendo el juego a quienes, con ánimos dilatorios, proponen someter a consulta popular hasta el color del traje del Presidente en las ceremonias del 28 de julio, nada de eso: en diciembre debemos votar solo las cuatro propuestas presidenciales. Lo que estoy proponiendo es sistematizar la democracia disputable para que la fiscalización de la sociedad civil sobre el gobierno sea permanente y realizar, en los próximos años, más referendos. Estos nos permitirán continuar con un proceso de reformas estructurales cuya finalidad es construir una república de ciudadanos digna de llamarse tal y no maniatada por personajes tan funestos como el fiscal Pedro Chávarry, quien, aliado de intereses subalternos, se atreve a utilizar los fueros del Ministerio Público para amenazar al presidente Vizcarra y, a través de él, al orden democrático.

Los límites de la democracia disputable

EL panorama dista de ser claro por la persistente actitud de sabotaje de Fuerza Popular, y sus parlamentarios adláteres como Mulder o García Belaúnde, a las reformas moralizadoras; y por las maniobras que han intentado y que posiblemente seguirán intentando para volver las cosas a fojas cero. En todo caso, la democracia disputable se abre paso en coyunturas específicas que se generan, con cierto grado de espontaneidad, cuando la gravedad de la crisis política indigna a la ciudadanía al punto de movilizarse y pronunciarse en cierto sentido.

En las actuales circunstancias, no sabemos si se producirá un cierre constitucional del Congreso -quiero subrayar lo de constitucional porque la Carta Magna establece en qué circunstancias procede y para que lo comprenda la comunidad internacional-, no sabemos tampoco si un nuevo Congreso apuntará finalmente hacia el bien común que todos deseamos, o si el actual, de mayoría fujimorista, finalmente se allanará a aprobar las reformas que el país reclama.

En resumidas cuentas, la democracia disputable remite a Juan Jacobo Rousseau, tanto como a la experiencia de las Cortes de Cádiz (1810-1812); es decir, cautivo el gobierno, ya sea por una potencia extranjera o por el flagelo de la corrupción, entonces el pueblo recupera la soberanía, redirige el rumbo hacia el bien común y finalmente vuelve a delegarle el poder al gobierno, a través de sus representantes. Todavía estamos lejos del ideal que acabo de plantear, por ello serán necesarios, en los próximos años, varios referendos, para que el Perú recobre el camino que soñaron los padres fundadores de la Independencia.


Escrito por

Daniel Parodi Revoredo

Máster en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid, Historiador e Internacionalista. Docente en PUCP, Universidad de Lima y UPC


Publicado en

Palabras Esdrújulas

PALABRAS ESDRUJULAS por Daniel Parodi