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#Aprismo y #OrgulloGay

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Si la trayectoria del APRA fue siempre la de la defensa de los derechos humanos y civiles, pues le corresponde ahora apoyar las agendas feminista y gay

Daniel Parodi Revoredo  

Publicado: 2018-07-01

Seguro aburro hablando del APRA, y de sus valores originarios de ciudadanía, civismo y función pública, entendida como un servicio austero y dedicado a la comunidad. En otro espacio, no lo sé, todas estas máximas no serían más que verdades de perogrullo, si no fuera porque la corrupción ha contaminado de tal manera la política y la gestión del Estado peruano que, al contrario, lo que hay que buscar como aguja en un pajar es un funcionario honesto lo que, por desgracia, incluye también lo que queda del APRA.    

Pero ahora saltó al debate la vieja discusión respecto de la orientación sexual de Víctor Raúl Haya de la Torre y observo, sin asombrarme, lo que ya conozco: que el aprista contemporáneo está tan despistado ideológicamente que puede adjurar de la lucha nunca desmentida por la conquista del estado laico y adherirse a agendas conservadoras que vienen haciendo del Perú algo así como un bastión, bastante resistente, del oscurantismo medieval.

Sin embargo, en este debate existe un punto neurálgico: si la trayectoria del APRA fue siempre la de la defensa de los derechos humanos y civiles, pues le corresponde ahora apoyar las agendas feminista y gay, y las de sus colectivos más representativos que pugnan por una toma de conciencia social respecto del feminicidio, de los crímenes de odio y del republicanísimo principio de igualdad ante la ley, que implica el matrimonio igualitario. No lo digo yo, lo dice la Constitución, y la de 1993, en los incisos 1 y 2 de su artículo 2. Leámos el inciso 2 del susodicho artículo:

“Toda persona tiene derecho a la igualdad ante la ley. Nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquier otra índole”

La cosa es muy sencilla, es apenas el dorremí del liberalismo, el pilar central del republicanismo político. Pero es justo también señalar que en tiempos de Haya de la Torre la agenda gay prácticamente no había llegado a América Latina, ni siquiera a los países más desarrollados de Occidente, por lo que arrobarme la interpretación genuina de lo que hubiese sido -y no fue- una evolución doctrinal del aprismo no sería ni plural, ni dialogante.

¿Qué hacer entonces? Pues convocar a un congreso doctrinario después de 31 años (1987, el último) y actualizar la doctrina aprista. Hay sin embargo un pie forzado: el PAP está tomado ilegalmente por el alanismo y camina hacia el abismo de manera desenfadada, solo confrontado por la pujante y purista oposición de un reducido grupo de militantes. Pero mientras el APRA no pueda limpiarse, sanearse, ponerse a derecho, reorganizarse, modernizarse, dejar la moña y la trampita, esas con las que se dan los primeros pasos para convertirse en corrupto; mientras no pueda convertirse en una organización informatizada, de vanguardia, formal, impoluta y decente en los servicios que brinda a la sociedad; transparente en su manejo interno, en la elección de sus autoridades y candidatos a representantes, segura de que la formación que ha brindado a estos es garantía de competencia y honestidad; entonces no habrá manera de organizar ningún congreso ideológico que se pretenda serio, ni mucho menos idóneo.

Por cierto, he escuchado una y mil veces las comidillas respecto de la orientación sexual de Víctor Raúl. A mí no me consta nada, ni idea tengo porque no indago lo que no me interesa. La orientación sexual sólo puede definir la calidad del ser humano allí donde prevalecen el fundamentalismo, la ignorancia y la superstición. Yo a Víctor Raúl lo llevo en el pecho como a un santo laico del gobierno civil, que murió dejándonos una democracia a cambio de una vida llena de sacrificios y privaciones, que siempre llevó con austera dignidad, ¡qué más puede esperarse de un hombre!

Ojalá Alan García dejase ir al APRA, pues aún quedan unos pocos creyentes fieles que se encuentran en posición de levantar, una vez más, el andamio de una religión civil que conquistó varias veces la democracia para el país; y que sea por la memoria de Haya de la Torre, precisamente por eso.


Escrito por

Daniel Parodi Revoredo

Máster en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid, Historiador e Internacionalista. Docente en PUCP, Universidad de Lima y UPC


Publicado en

Palabras Esdrújulas

PALABRAS ESDRUJULAS por Daniel Parodi