moras non sacta

Cómo enseñar la historia del APRA

"los jóvenes estudiantes no merecen heredar nuestros viejos odios y adhesiones. Nuestro deber es darles herramientas para elaborar sus propios discursos sobre el pasado"

Daniel Parodi Revoredo*  

Publicado: 2018-06-02

Un colega docente me preguntó alguna vez por qué dejo como lectura para comprender al APRA, el acápite “Haya de la Torre: Jefatura y Exilio", de las Relecturas Heréticas de Hugo Neira, toda vez que no se centra en tópicos muy difundidos como las convivencias del PAP con la derecha oligárquica en 1956 y 1963. Esto sumado a que los líderes de aquellas derechas, Manuel Prado y Manuel Odría, fueron temibles cancerberos del APRA, sometiéndola a una persecución implacable.

¿Cómo era posible que un texto sobre el APRA no enfatice todo aquello? ¿era acaso el ensayo de Neira una apología al partido más longevo del Perú? Entonces revisamos los aspectos críticos de la lectura y fluyó la conversación. Neira le reconoce mucho a Haya: los ápices de su filosofía política; su prolongada vida de estudiante en el exilio y “acertar allí donde falló Jean Paul Sartre”. Luego constatamos que el ensayo contenía también la otra parte de la historia, aquella inexorable como una tragedia griega en la que el final, anunciado de antemano, se presenta fatalmente sin que nadie pueda evitarlo.

“Pobre Perú, tan cerca de los mitos y tan lejos de la razón” es la frase final de Neira sobre el APRA y es que, luego de disertar sobre la organización del PAP, se centra en su mutación de un movimiento continental, liderado por una destacada generación de jóvenes políticos, a un partido mesiánico y caudillista, en el que la figura de Víctor Raúl fue venerada hasta la santificación y su palabra obedecida como una sentencia inapelable. ¿Cuándo se institucionaliza este cambio? posiblemente el 22 de febrero de 1946, desde que se adopta el aniversario de Haya como conmemoración principal por encima de sus dos fechas fundacionales: 1924 y 1930.

Y entonces volvimos a la reflexión de Neira, quien señala a la oligarquía y el ejército como responsables de esta mutación, labrada por décadas de represión y carcelería que hicieron del APRA, de mediados del siglo XX, una organización cerrada, poco dispuesta al diálogo y con una ciega subordinación a los mandatos de su cúpula. Estas características explican el fracaso del co-gobierno con el Frente Democrático Nacional de José Luis Bustamante y Rivero (1945-1948). Entonces se produjo el descalabro económico del país debido al desmedido aumento del gasto público, cuando, concluida la Segunda Guerra Mundial y el boom de las exportaciones, lo prudente era disminuirlo.

Y es así como la gran paradoja de la república peruana, en la que conviven el caudillismo y la democracia, se instaló también en el corazón del APRA. Pero su historia no es solo traición, no es solo Zig-Zag, no es solo democracia. El APRA son los canillitas que estudia el argentino Martín Bergel, son también las jerarquías establecidas por la disposición de objetos y andamios en sus sedes, como nos lo cuenta Moisés Rojas, es también la vinculación con los símbolos cristianos que nos explicase el padre Jeffrey Klaiber, y es también una impronta de modernidad política nunca desmentida y que se consagra, finalmente, en la Constitución de 1979.

Un día señalé que hay que despolitizar a Haya y al APRA históricos. Me respondieron con asombro ¿cómo despolitizar lo que es político? Mis respuestas fueron dos: el próximo año se cumplen 40 años de la muerte de Haya de la Torre, tiempo suficiente como para que Clío haga lo suyo: ya lo están haciendo Daniel Iglesias, peruano, desde Francia, Martín Bergel y Leandro Sessa, argentinos, desde su patria, tanto como el citado Moisés Rojas, desde las nuevas generaciones de sociólogos peruanos. La segunda es que los jóvenes estudiantes no merecen heredar nuestros viejos odios y adhesiones. Nuestro deber es darles herramientas para elaborar sus propios discursos sobre el pasado.

Hay que discutir cómo enseñar la historia del APRA. En nuestras universidades prima la denostación, aunque no faltan apologetas. Pero procediendo así sólo mantendremos vivo el lúgubre Ministerio de la Historia de George Orwell. Dejemos que a la historia de la vieja APRA le caiga un poquito el sol, saquémosla de las catacumbas académicas. Entonces comprenderemos mejor el capítulo más vivencial de la política peruana del siglo XX, apreciaremos más sus colores y matices, y podremos proyectarlos en el aula con la sabiduría del maestro que siembra la duda, pero prescindiendo del ensañamiento del implacable detractor.

Historiador, docente en Universidad de Lima, PUCP y UPC


Escrito por

Daniel Parodi Revoredo

Máster en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid, Historiador e Internacionalista. Docente en PUCP, Universidad de Lima y UPC


Publicado en

Palabras Esdrújulas

PALABRAS ESDRUJULAS por Daniel Parodi