¿Hasta cuándo?

Tantas veces LUM

El Lugar de la Inclusión debe incluir más 

Publicado: 2018-05-19

Está demás señalar mi poca simpatía con el congresista Edwin Donayre, con su manera de pensar, de percibir la relación con los países vecinos, y con su reciente proceder en su visita al LUM, en dónde aplicó los mismos métodos montesinistas que el congresista Moisés Mamami en su reunión con Kenji Fujimori, y otros miembros de la facción disidente del keikismo. Voy al punto, no estoy de acuerdo con el indulto humanitario a Alberto Fujimori, tampoco lo estaría con el del terrorista Abimael Guzmán, así fuese por los mismos motivos, pero no por eso voy a tratar de apologeta, sin más, a quien piense lo contrario, ni mucho menos lo despediría de su trabajo.  

En el Perú nos hemos olvidado del significado de la palabra diálogo y jamás interiorizamos cabalmente lo que de fundamental tienen los conceptos de ciudadanía y republicanismo, que constituyen la base de la convivencia democrática. Los padres fundadores nos la legaron, muy bien, pero doscientos años después nadie saldrá a defenderla, si aparece de la nada un nuevo caudillo refundador, y mejor si lo hace a caballo y “poniéndolo de manos”, para recibir la aclamación de la multitud eufórica, celebrando una vez más el advenimiento de la dictadura y la muerte de la libertad.

Pero centrémonos en el LUM. Es positivamente cierto que, desde su fundación, este museo es administrado por un sector que representa una visión de las cosas, respetable, pero una. Por lo tanto, es también positivamente cierto que hay interpretaciones del flagelo que sufrimos en las décadas de los ochenta y noventa por las bandas subversivas Sendero Luminoso y MRTA, distintas a las del LUM.

Si se tratase de un tema menos sensible que el que nos convoca, no tendría nada de malo que sólo una mirada del conflicto armado interno se manifieste en el LUM, pero resulta que se trata de la guerra que dos bandas terroristas libraron en contra del Estado y la sociedad, la que nos costó decenas de miles de vidas humanas, un inconmensurable sufrimiento humano e incalculables daños materiales. Así las cosas, sí debiera preocuparnos que en el LUM se manifiesten las diferentes posiciones que existen sobre la época del terror; o, que, en todo caso, se incluyan en la muestra a víctimas que a nosotros nos parece que están invisibilizadas.

Lo señalé en un artículo anterior: el problema con el LUM no es lo que contiene, sino lo que le falta. La denuncia de los excesos cometidos por las fuerzas armadas y policiales la suscribo porque por desgracia ocurrieron, y el argumento de que se trataba de una guerra se cae solo ¿acaso no hay reglas en la guerra? ¿acaso esta supone la ejecución sumaria de pobladores ya detenidos, suplantando con el crimen, la labor del sistema judicial? ¿Acaso abusar sexualmente de mujeres tiene algo que ver con el enemigo que se está combatiendo?

El problema está en que más allá de la foto, por demás emblemática, del atentado que sufrieran los Húsares de Junín, o algún crimen selectivo de SL o el MRTA, lo cierto es que la muestra dedica salas enteras a las víctimas de la represión estatal -represión que acabamos de denunciar- pero no le dedica la misma atención a las víctimas de los grupos subversivos, salvo que se trate de poblaciones vulnerables, como es el caso de la sección dedicada a la comunidad Asháninca, cuyos hijos menores fueron secuestrados por Sendero Luminoso para adoctrinarlos e integrarlos a sus filas, y quienes merecen toda nuestra solidaridad.

Compleja situación la de nuestras fuerzas armadas y policiales, a veces victimarios, pero muchas veces víctimas. Y si también fueron víctimas entonces ¿dónde está la sala dedicada a la madre e hijos dolientes, llorando al padre asesinado por servir al Perú en las zonas de emergencia? ¿o a la familia del policía acribillado por un comando de aniquilamiento senderista en un paradero de autobús o combi, en la Lima ochentera, por el simple hecho de ser policía? ¿por qué dicho sufrimiento parece ausente de la muestra? ¿no acercaríamos muchísimo las posiciones que hoy se muestran tan distanciadas si incluyésemos a las víctimas militares del terrorismo, es decir, a las familias militar y policial, en el Lugar de la Inclusión?

Y lo mismo los partidos políticos, hay sí, unos recortes de periódicos al respecto. Pero insisto, también este tema, como tal, está casi invisibilizado, no hay una pared, una sala, un título grande que diga “Autoridades de partidos políticos que fueron cobardemente asesinadas por Sendero Luminoso por negarse a abandonar sus cargos a pesar de haber sido amenazados de muerte”. No fueron decenas, ni cientos, fueron miles, y de todos los partidos de entonces, El APRA, AP, PPC, Izquierda Unida ¿dónde está la pared con sus respectivos símbolos, acompañada por la lista de sus mártires?

Recuerdo haber criticado que se declare héroes de la democracia a los comandos Chavín de Huántar, no me opuse por mezquino, sino porque me parecen héroes de la lucha contra el terrorismo, pero no de la democracia: si los héroes de nuestra democracia van a resultar comandos militares pues entonces o nunca la tuvimos o hemos olvidado que trata del gobierno civil. Además, héroes de la democracia son estos militantes partidarios, elegidos por el voto popular, democraticamente, valientes, arriesgando la vida manteniéndose al frente de su alcaldía provincial o distrital, casi sin protección, absolutamente expuestos, y así murieron ¿por qué no hay una sala entera dedicada a ellos?

En el Perú no hay lugar para el centro político, ni pretendo representarlo. En un lugar donde consenso es una palabra perdida en el diccionario de la RAE, nos olvidamos de lo mucho que puede lograrse conversando para acercar posiciones por lo que me temo que estás líneas no acercarán a nadie. Al contrario, ambas partes las criticarán, pero había que decirlo.


Escrito por

Daniel Parodi Revoredo

Máster en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid, Historiador e Internacionalista. Docente en PUCP, Universidad de Lima y UPC


Publicado en

Palabras Esdrújulas

PALABRAS ESDRUJULAS por Daniel Parodi