moras non sacta

Fuente: agencia andina

Defensa de la democracia

"La población civil tiene el derecho de insurgencia en defensa del orden constitucional" (Constitución Política del Perú)

Publicado: 2018-03-11

Recién vi Darkest Hour, Las horas más oscuras, cinta que le valió el Oscar a mejor actor a Gary Olmand, en una brillante interpretación de Winston Churchill, Primer Ministro británico y su performance durante el crucial mes de mayo de 1940. En aquellos días, Churchill logró dos cosas que parecían imposibles: la primera fue convencer a las fuerzas políticas del Reino Unido para unidas seguir combatiendo a la Alemania nazi, cuya victoria sobre Inglaterra parecía inminente. La segunda fue idear la estratagema de enviar a las costas de Dunkerque -Francia- a 850 navíos civiles para rescatar a más de 400.000 soldados franco-británicos que tras un dramático retroceso se encontraban entre las agitadas aguas del mar del norte y la célebre playa francesa, a punto de ser exterminados por las fuerzas combinadas de Hitler. 

El denominar común de ambas victorias fue la conjunción de empeños por salvar a la nación británica de las garras del genocida más grande de la historia universal. Se trató de una circunstancia que no aparece cotidianamente, caracterizada por el sacrificio o subordinación de las diferencias políticas por un bien mayor: el pueblo en su conjunto, tanto como sus valores liberales y democráticos. Aquí en Perú vivimos una situación similar hace 4 años, cuando tirios y troyanos, gobierno, cancillería, prensa y población civil unimos esfuerzos para hacer prevalecer la posición del Perú en el litigio contra Chile en La Haya, y, al mismo tiempo, no lastimar excesivamente las relaciones con el vecino, toda vez que, de acuerdo a derecho, un alto tribunal iba a establecer nuestra frontera marítima común.

Caso contrario, la degeneración de una república democrática solo puede concebir alianzas perversas como la que hoy escenifican Fuerza Popular, el ala alanista del PAP y las dos izquierdas socialistas. Vamos por partes, yo puedo ser contrario a la vacancia del Presidente Kuczynski pero de obtener la oposición congresal los 87 votos que exige la Constitución, no me quedaría más que aceptar el resultado y su legitimidad. Sin embargo, muy diferente es obtener la  vacancia presidencial tras violar la Carta Magna a través de una Resolución Legislativa que se aprobó con solo 81 votos; es decir, 6 menos de los requeridos para sacar adelante un cambio constitucional. 

¿Cuál es la intención de la maniobra?: limitar sustancialmente la potestad constitucional del Presidente de la República de cerrar el Congreso tras 2 censuras de su gabinete ministerial. El tema empeora cuando se le aplica a dicha leguleyada carácter retroactivo: en otras palabras, en septiembre el Premier Fernando Zavala no fue censurado, aunque todo el país presenció por televisión cómo el Congreso le negaba su voto de confianza.

Para explicarnos más: la Constitución, para equilibrar los poderes del Estado, le otorga al Congreso la potestad de vacar al Presidente y de censurar gabinetes ministeriales. Al mismo tiempo, le otorga al Jefe de Estado la potestad de cerrar el Congreso si censurase dos gabinetes; es así como se establece el referido balance constitucional. Este balance, fundamental para el juego democrático, lo hemos perdido con la Resolución Legislativa tramada por Mauricio Mulder pues, en términos prácticos, hoy el Congreso puede vacar al Presidente pero el Presidente prácticamente no puede cerrar el Congreso.

Por todo ello, la alianza entre Fuerza Popular, la rama alanista del PAP y las izquierdas socialistas no se parece en nada a la que logró Churchill en mayo de 1940, entre liberales y conservadores en el parlamento británico. Para el caso de Fuerza Popular, la segunda moción de vacancia más parece una desesperada maniobra para tomar el poder a cualquier precio y así evitar que el peso de la ley caiga sobre sus líderes si se llegasen a comprobar las serias denuncias que obran sobre ellos.

El caso de la izquierda parece regirse por otra lógica. Lenin solía decir que los comunistas podían establecer alianzas con fuerzas distintas a las suyas para agudizar las contradicciones y alcanzar las condiciones necesarias para el estallido de la revolución. Sin esa inspiración, no se entiende -ni siquiera por el indulto a Alberto Fujimori- cómo congresistas como Marisa Glave y Marco Arana han votado junto a Mulder y Héctor Becerril una resolución legislativa que contraviene la Constitución y quiebra el equilibrio entre los poderes del Estado. ¿O se trata simplemente de cuidar la curul?

Por eso insisto y he insistido tanto en un librito que se llama Constitución, por más que sea la de 1993, porque finalmente contiene los principios de la democracia y el liberalismo político, que constituyen nuestro pacto social desde que San Martín le habló desde un balcón a los limeños un 28 de julio de 1821. Pacto social en efecto y que debería interesarnos, porque señala nuestros derechos, nuestros deberes y las reglas del juego democráticas que nos mantienen lejos de Hitler, Pinochet, Alberto Fujimori, Fidel Castro y Nicolás Maduro.

Esa Constitución, la de 1993, en su artículo 46 señala expresamente que “Nadie debe obediencia a un gobierno usurpador, ni a quienes asumen funciones públicas en violación de la Constitución y de las leyes. La población civil tiene el derecho de insurgencia en defensa del orden constitucional”.

He visto muchas marchas y manifestaciones los últimos años y meses, las hubo de todo tipo: por los derechos de las minorías sexuales, en contra de los derechos de las minorías sexuales; en favor del aborto, por el derecho a la vida, en contra del indulto a Fujimori, en su favor, en contra de las corridas de toros etc. Pero cuando se trata de la democracia misma, de lo que nos es común a todos, entonces miramos al costado.

En realidad, el primer derecho del ciudadano es, precisamente, su derecho a tenerlos y si los tiene es porque así lo manda la Constitución. Ojo, que nuestro silencio de hoy podría dirigirnos mansamente a una nueva satrapía naranja, o a un infierno rojo que felizmente nunca hemos vivido. Defendamos nuestra democracia, en las calles si es preciso, no vaya a ser que mañana la echemos de menos entre los tanques y botas de una dictadura cuyo color político será lo menos importante.


Escrito por

Daniel Parodi Revoredo

Máster en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid, Historiador e Internacionalista. Docente en PUCP, Universidad de Lima y UPC


Publicado en

Palabras Esdrújulas

PALABRAS ESDRUJULAS por Daniel Parodi