le dice #NoALaGuerra

Luis XXVI a punto de ser decapitado por el jacobinismo radical de robespierre, el 21 de  enero de 1793

Guillotina Republicana

¿Se nos viene el colapso de la clase política actual? 

Publicado: 2018-02-01

Una comparación entre Víctor Raúl Haya de la Torre y Alberto Fujimori Fujimori es por definición obscena. El primero lideró seis décadas a una generación desde un pedestal moral que pocos le discuten; el segundo acaba de ser indultado por el presidente Kuczynski; sus delitos, de los más diversos. Pero no es esta la discusión que aquí me interesa, lo que me interesa es el inicio de cada uno, las crestas de las olas que los lanzaron al mar de la política y las condiciones que generaron dichos lanzamientos, a ver si la comparación nos permite adelantar algunas hipótesis sobre lo que avendrá el 2021, punto de quiebre en ciernes que venimos construyendo a pulso y, al mismo tiempo, desde la más total y supina ignorancia.  

En Haya de la Torre hay algo muy claro: él saltó a la palestra liderando una generación, que fue tal quizá hasta el 14 de abril de 2013, cuando murió Armando Villanueva, recuerdo que entonces llamé al “zapatón” el último demócrata utópico. En 1931, Haya podría ser un outsider en el sentido de que se presentaba como un candidato y con un partido novísimos en la política nacional; pero detrás de él se observaba, ya un tanto madura, a toda una generación forjada de las luchas obreras de 1918 y 1919, de las universidades populares Gonzales Prada y del primer exilio leguiísta. A mí solo me alcanzó para verlos partir, uno a uno, a Meneses, Haya, Heysen, Prialé, Juan Seoane pues Manuel se adelantó, Sánchez, León de Vivero, Townsend, de las Casas a quien llamaban “el loco”, ese que le dijo en voz alta al país que él no era revolucionario de última hora para allí mismo caer fulminado, en el escaño de esa democracia a la que sacrificó tantas noches de libertad.

¿Pero fue la generación de Haya de la Torre una generación triunfante? Mi respuesta es no. No la dejaron, la reventaron a punta de persecuciones, muertes, cárceles y exilios durante 25 años, y cuando esta se mostró quizá hasta exageradamente transaccional, igual le cerraron el camino al poder: una vez más, en 1962, con el veto militar. Haya no gobernó, el APRA no alcanzó la ansiada redención, no transformó la sociedad. Creó si, una sociedad dentro de otra: el pueblo aprista, que fue lo más cívico y republicano que pudo ser dentro de un partido que combinó la moderna formación en ciudadanía, léase derechos, deberes, virtudes, con un viejo e irrenunciable Perú clientelar y caudillista, y todo al mismo tiempo, y en el mismo lugar; la gran paradoja peruana entre la tradición y la modernidad se produjo al interior del APRA, al menos intervino la modernidad, he allí lo nuevo, el aporte. Pero cuando se apagó la vieja generación, su impronta cívica y democrática no fue heredada por el sucesor, porque sencillamente no le dio la gana.

Alberto Fujimori, en cambio, fue solo un outsider. El terrorismo, la crisis económica, la transición demográfica, la pobreza extrema, los millones de peruanos viviendo en esteras, todo se nos vino encima al mismo tiempo, en la misma década ¿quién lo hubiese administrado? ¿talvez conducido? Posiblemente nadie; luego las culpas están para repartirse, como siempre. Pero había que encontrar al nuevo Inca, Haya, el “pichón de cóndor” ya no estaba, y si ni los apristas alcanzaron a comprender del todo que a las crisis se les aplican programas y no redentores, el resto del Perú no entendió jamás nada de aquello, sencillamente eligió su nuevo incarri: un japonés que ofrecía honradez, tecnología y trabajo.

En los veintes fue una generación, en los noventas fue un outsider, pero si algo tienen en común ambas coyunturas es la constatación de que alguien o algo tenía que acabar con el viejo orden, con el "Antiguo Régimen"

Haya representó el grito de las masas irrumpiendo súbita y organizadamente a la política; Fujimori fue el grito del sector emergente haciendo más o menos lo mismo: acabar con el viejo orden, es decir, con un conjunto de partidos democráticos a los que valgan verdades, apenas les entregaron la década de los ochentas, la más jodida de la historia del Perú, para intentar construir una república allí donde imperaban el hambre, el terror y las fallidas reformas de Velasco.

La noche está ligeramente fresca, es 6 de enero, el chino está libre, PPK está en el Dakar, creo que le sienta mejor. ¿La mitad del Perú celebra y la otra vocifera? Tengo mis dudas, la mayoría solo observa cual testigo de un crimen que ha decidido no denunciar pero que juzgará a su hora. La mayoría nos observa a todos, como ese film de desastres en el que una lluvia de cenizas suprimió por instantes cualquier diferencia racial o social. “Odebrecht a todos nos hace iguales” diría Nicomedes sobre los Fujimori, Alan, los Humala-Heredia, Toledo, PPK, la Vero, Villarán ¿es que alguien, hoy por hoy, hace realmente la diferencia? Lo digo porque, con o sin justicia, en 1990 a los Belaúnde, Bedoya, Vargas Llosa, Alva Castro, Pease, Barrantes los vieron, no como a corruptos, pero sí como a la vieja generación que había que dejar atrás. Y hoy yo no veo un Perú de adherentes pro o antifujimoristas, lo que veo es un país profundamente decepcionado de su clase política, de toda su clase política. 

Quizá de esta constatación, que apenas es una hipótesis, es que me he mostrado conciliador ante el indulto, pues estoy ansioso, quiero llegar al 2021 y ver lo que pasa. Para empezar, el año del Bicentenario un amplio sector electoral compuesto de millones de jóvenes no va a votar por ninguno de los que hoy están, por más que Mauricio Mulder se esfuerce en impedir la participación de nuevas fuerzas. ¿El Perú clientelar?, llamarlo así es mucho decir, el Perú emergente es muchas cosas, no solo clientelar, también es emprendedor ¿cuántos pensarán que necesitan realmente a los Fujimori para surgir?

¿Outsider? ¿nueva generación? No lo sé, lo que sé es la diferencia fundamental entre las dos opciones. El outsider no cambiará nada, al contrario se hará querer a base de lo que hay, “taper para todo el mundo”; la nueva generación es la guerra contra el pasado vergonzante, la guerra que Haya de la Torre no pudo ganar a pesar de librarla 60 años. Así están las cosas. Dije recién que la revolución moral está a la vuelta de la esquina; no lo sé a ciencia cierta, pero Robespierre, desde el púlpito ciudadano de la Diosa Razón, nos espera con una guillotina roja porque  sangra republicanismo, como la sangre derramada en la Place de la Concorde, à Paris, il y a très longtemps ...

p.s. Gandhi jamás disparó una bala, Martí disparó muchas, pero decía que la revolución se hallaba en el sufragio …

Publicado en http://www.latitud.pe/vista/destacado.php?art=1el miércoles 31 de enero de 2018

Web donde aparece la imagen http://www.themaleharem.com/how-to-be-a-billionaire/

Twitter del autor de esta nota: @parodirevoredo



Escrito por

Daniel Parodi Revoredo

Máster en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid, Historiador e Internacionalista. Docente en PUCP, Universidad de Lima y UPC


Publicado en

Palabras Esdrújulas

PALABRAS ESDRUJULAS por Daniel Parodi