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académicos de perú, chile y bolivia se reunieron en la uca de buenos aires

Bolivia, el mar y la subjetividad

Publicado: 2015-06-08

“Bolivia, privada de litoral propio, deseará tener acceso al mar, y mientras no lo consiga la violencia de su situación la obligará a medidas extremas (…) y de la lucha que de eso tendrá que resultar vendrán crisis comerciales, dañinas para todos”. Francisco García Calderón, diciembre de 1883 

Si he dedicado mi carrera a investigar los confines del imaginario es porque creo en el poder de la subjetividad y que siempre la encontraremos en el meollo de cualquier realidad plausible. Cuando los chilenos nos recuerdan el tiempo transcurrido desde que concluyó la Guerra del Pacífico y nos preguntan sobre nuestra herida doliente, no reparan en que el daño, que una vez fue material, hoy se ha trasladado a la dimensión del inconsciente colectivo porque aún los dos pueblos no hemos hecho lo necesario para superar el trauma que aquella nos dejó.

En el mismo sentido, hoy ya casi no tiene caso recordar que antes de 1879 Bolivia le daba poco uso a su litoral, geográficamente alejado de los centros políticos de su país, o que el Tratado de 1904 le ofreció una serie de ventajas arancelarias y de infraestructura. El tema en realidad no es ese, sino que Bolivia experimenta con el mar el “dolor de la amputación”, la castración de desposeer lo que antes poseía. Y por eso Bolivia, entendámoslo, no dejará de gritar a los cuatro vientos que quiere mar, y que lo quiere suyo y no prestado.

Para Chile, la dimensión subjetiva del tema nos remite inevitablemente a una deuda que mora en el subconsciente. Si hoy, en La Haya, Bolivia nos recuerda que Chile le ofreció varias veces negociar una salida al mar, es porque en algún lugar de su imaginario a nuestro vecino del sur le ha pesado la mediterraneidad boliviana, de lo contrario no hubiese deseado resolverla en 1950 y 1975.

Finalmente, la soberanía es el gran meollo que confronta a los países. ¿Qué es soberanía? Para empezar un vocablo que indica posesión, pero para pueblos criados aún en el nacionalismo del siglo XIX es el sentimiento, la sangre derramada, el campo santo del héroe, el terruño que se defiende con la vida. Y por eso el tema se hace tan difícil.

Yo estoy seguro de que Chile le concedería a Bolivia un enclave al lado de Antofagasta y le permitiría instalar un puerto y playa propios pero soberanía no, porque esta es el límite infranqueable, lo que nadie cede de motu propio. Y Bolivia, claro, la desea más que nada por el hecho esencial de que la tuvo y Chile se la arrebató. Por eso estudio la subjetividad, porque estos razonamientos básicos se mueven bajo las formas diplomáticas más racionales y exquisitas.

Sobre todo eso conversamos la semana pasada en la UCA de Buenos Aires doce académicos de Perú, Chile y Bolivia. Durante el diálogo, comprendimos bien la situación y demostramos que no solo manejamos los procesos de larga duración, como los llamaba Ferdinand Braudel, sino también las coyunturas, cómo las definió Pierre Vilar. Recién el año pasado el Perú había demarcado por fin su frontera marítima con Chile. Este, a su turno, se defiende en la Haya de una demanda boliviana para negociar precisamente su salida al mar.

Por eso preferimos no pronunciarnos por ninguna solución concreta, porque nos quedó claro que la larga duración debía prevalecer sobre la coyuntura y la cautela sobre el entusiasmo. Entonces, planteamos “el reencuentro de Bolivia con el mar” paulatino, escalonado, fortaleciendo la confianza tripartita, cerrando las heridas de guerra, reconciliándonos con la historia doliente, integrando socioeconómicamente nuestras fronteras. En Buenos Aires, doce académicos que buscamos la integración latinoamericana supimos pulsear el momento, situarlo en el proceso y actuar en consecuencia.

Sin embargo, el manejo político de la iniciativa por parte de las autoridades de la UCA pudo ser superior. La propuesta de mediación de UNASUR y CELAC, con José Mujica a la cabeza, en medio del litigio boliviano-chileno en La Haya, generó una innecesaria controversia que felizmente se ha aclarado con los días y que bajo ninguna circunstancia debe superponerse a la claridad de la utopía planteada, cuya vigencia es incontrastable.

Por ello, es preciso rescatar el consenso bonaerense de reencontrar a Bolivia con el mar pues de lo contrario Chile no dejará de oír el clamor eterno e inexorable de su cercano y a la vez lejano vecino. Ese mismo clamor, que hace 133 años vaticinó Francisco García Calderón, seguirá resonando en el escenario latinoamericano mientras las costas del Pacífico no encuentren la bahía que cobije las playas bolivianas.


Escrito por

Daniel Parodi Revoredo

Doctor en Historia por la U. de Valladolid, Máster en Humanidades por la U. Carlos III de Madrid, analista nacional e internacional.


Publicado en

Palabras Esdrújulas

PALABRAS ESDRUJULAS por Daniel Parodi